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SCOPITONE: EL chusco ORIGEN DEL VIDEO-CLIP
En “Anthology” los Beatles afirman con soberbia haber creado, al menos en la forma, el videoclip (“In some way, we invented a MTV” dice Harrison). Pero, o mienten como bellacos, o se hacen los locos ante el invento que hizo furor un par de años antes de su "Love Me Do": el Scopitone.
El Scopitone era una suerte de cine-gramola, inventada en Francia y que llegó pronto a los Estados Unidos. Por una pírrica moneda se ponía en marcha un mecanismo de bobinas, y una película en 16mm de la canción seleccionada se proyectaba en la gran pantalla superior para que todos los presentes en el bar la disfrutaran. Alucinante ¿verdad?
Gente como France Gall, Paul Anka, Jacques Brel, Frank Sinatra y sobre todo Jonnhy Halliday ponían rostro a sus canciones en menos de tres minutos. El boom del cacharro se produjo entre 1960 y 64 para apagarse entonces de una manera vertiginosa.
Si bien es cierto que podríamos considerar muchos números musicales metidos con calzador en películas de los treinta, o los films musicales continuos (Soundies) para un aparato de monedas antecesor (que además proyectaba mensajes patrióticos en tiempos de la WWII), las películas scopitone tenían, por primera vez, un uso promocional para dar a conocer los nuevos singles de un artista.
Pero los scopitones eran cutres. Cutres con encanto, eso sí. Se rodaban improvisadamente en decorados acartonados, exteriores, coches en marcha, aviones en tierra simulando volar, bosques, ferias, vías de tren... con los músicos mirando a cámara, o un despistado cuerpo de baile al fondo, o algún gag chusco... salvo maravillosas excepciones como el indescriptible “The Robot” de Los Tornados, película que me tiene atrapado entre el miedo, la melodía y la obsesión. Me gustaría pertenecer a esa secta, en todo caso. Véanlo.
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El rito iniciático, con alucinógenos y sexo.
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Poco a poco, los productores de EE.UU. entraron en la dinámica de enseñar chicha, muslo, cachete, pechito o lo que ustedes quieran sin una línea argumental que lo justificase, o mejor dicho, sin venir a cuento. Vamos, para calentar a la muchachada.
Al final la cosa acabó por limitarse a eso, la gente se empezó a aburrir y lo dejaron arrinconado en la taberna ante el auge de la tele en color. Pero no se preocupen, los bares se volverían a llenar con los partidos de la Major League Baseball en peiperviú.
En Francia, se siguieron rodando y proyectando unos añitos más hasta entrados los setenta y aunque, sacudidos por la moda sexy (?) del scopitone también empezaron a levantarse falditas, al menos intentaban justificar la falta de ropa: una piscina, un cuarto de baño... Ya saben ustedes como son los franceses para esto del cine. Vean si no a Françoise Hardy (¡um!) en el barco pirata de la feria, manteniendo el tipo con un abrigo hasta los pies, y en segundo plano dos figurantes que pasaban por allí con sus faldas de vuelo levantadas por el vaivén y el viento.
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¿Cómo me he metido yo en esto?
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El Scopitone llegó también, en menor medida a Italia y Gran Bretaña, en un formato muy parecido (la competencia) llamado Cinebox. También alcanzó Alemania, y poco más. Respecto a España, sabemos que un aparatejo se pudo probar en algún ambiente selecto, y que los hijos de un reputado militar y los de una familia aristócrata tuvieron un par en estas tierras. Aunque como nuestros contactos con la alta alcurnia se reducen a la mendicidad en las puertas de Zalacaín tampoco podemos decirles más. Eso sí, hubo varias películas cantadas en castellano, sobre todo de Luis Mariano y Gloria Lasso, y alguna cosa de flamenco perpetrada por emigrantes en la Galia.
Y esto es sólo un apunte, que nosotros de doctos, nada. Si quieren más información, diríjanse a Scopitones.com, donde además de encontrarla, podrán ver muchos, muchos de ellos.
Pocos años después llegaron los films promocionales para televisión, algún experimento musical de Valerio Lazarov, que nos queda más cerca, y el videotape. Ya no les digo más...
dK, saving the music.
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