MANIPULA, QUE NO ES POCO

Manipulación, manipulación. Todo el mundo habla de lo manipulada que está la tele por el poder, de manipulación en los medios o de información manipulada. Sin embargo, pocos podrían concretar en qué consiste la dichosa expresión.

Pues para eso estamos en Kromosomos.net, para explicárselo como siempre. Pero por encima, no sea que nos pasemos de listos y acabemos pisando algún excremento de perro ajeno. Nuestra cultura no da para más (aunque este año nos hemos matriculado en 3º de ESO, a ver si por fin hacemos algo de provecho).

Los diferentes –pero iguales- grupos de comunicación aglutinan además de la imprescindible tele estatal, otras veinte o treinta locales, dos o tres periódicos de pago y uno gratuito, un par de cadenas de radio y varios portales en internet.

Salvo raras excepciones, cada uno de esos canales transmite un mensaje idéntico de acuerdo con la inclinación ideológica o el “libro de estilo” que defina la dirección del grupo, en afinidad con un determinado movimiento político (añadamos aquí a los medios públicos, en mayor o menor medida, dependiendo de quien reine en su zona de influencia).

Mejor escribir libros que manipular ¿no?

Política y medios se necesitan y retroalimentan, por relaciones de poder, intereses económicos y de difusión ideológica. Si (con dinero de por medio) se condiciona a un espectador para que consuma una moda, escuche tal disco o acuda al cine para ver aquella película, ¿cómo no se va a inducir a un televidente predispuesto a estar de acuerdo con determinada idea?

A nosotros, el hecho de que un medio identifique su ideología y opine de acuerdo a ella nos parece bien, si da voz a otras posturas y mantiene lo plural. Es más, nos gusta, porque la objetividad pura y plana acaba por dejarnos indiferentes ante aquello que nos cuentan. Igual que nos ocurre cuando vemos cualquiera de las series españolas en boga.

Si el medio se pasa al polo opuesto, si cae en el servilismo político, la transmisión del parte dictado desde la poltrona (come nos gusta esta palabra, poltrona), y la univocidad sin turno de réplica, nos entra la risa floja ante tal bochorno y ridículo. Sin señalar, nos vienen a la mente un periódico taciturno gratuito (que la leyenda urbana atribuye su dirección a un ex-presentador de telediarios con serias dificultades para leer los acrónimos) y algunas teles autonómicas que utilizan hasta el teletexto para tales fines.

Pero cuando se utiliza el juego sucio con el receptor, disfrazando el slogan de imparcialidad, cuando las opiniones ocultan filiaciones políticas, encolerizamos. Sobre todo frente al cubículo tonto.

¡Hey, que buen rollo!

Ya saben que para muchas personas todo lo que sale en la tele es verdad. Yendo más allá de la omisión total o parcial de informaciones, o la alteración del contenido de las mismas, hay métodos más sutiles de “meter” el mensaje en el cerebro del espectador. Ríanse ustedes de la publicidad subliminal o la presencia de producto en las series españolas.

Los editores de informativos demuestran tener unos conocimientos enormes de montaje, que dejan en pañales a cualquier joven realizador de cortos, de largos o de series españolas, utilizando antiquísimas técnicas (montaje ruso) y modificando el orden de los planos o el audio para que la sensación psicológica sea siempre favorable al político amigo. No, no teman. No les damos más el coñazo con teoría cinematográfica. Si quieren comprobarlo, busquen un buen libro.

Y qué decir de esas tertulias o debates, en las que se utiliza la superioridad numérica con el representante de ideas discordantes, que además suele ser un poco lento de reflejos... (en las radiofónicas radicalicen al extremo todo esto). El horario en que se emiten estas peleas, aunque parezca contradictorio, y lo incongruentes que resultan comparadas con el resto de secciones del programa que las contiene no es por despropósito del programador. Al mediodía se concentra ante el receptor el público más crédulo: el marujil (con perdón).

Esperamos con estas breves notas haberles puesto en la senda de la búsqueda conspiratoria, recomendándoles encarecidamente que no se tomen muy en serio nada de lo que vean, oigan o lean en el camino, o correrán el grave peligro de convertirse en bóvidos, escuchar el último hit de Alex Ubago o engancharse a alguna serie española.

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