EL CUTRERÍO INMOBILIARIO

El motor del mundo es el dinero, la ambición por el mismo está cada vez más presente en cada mente de los cochinos humanos que habitan este planeta. Desde que llegó el euro apenas podemos respirar un par de veces cuando ya alguien, en alguna parte de este país pronuncia la demagógica frase de: “España está muy arriba en Europa”. Por desgracia, no solamente políticos son quienes titulan esto, ni siquiera el “buen hombre” que guarda sus abundancias en una cuenta bancaria, sino que lo opina también el que tiene que empeñar la lavadora para poder pagar la letra de su piso, opinión que realmente es una mera manipulación, la repetición de una grabación que le ha sido insertada a través de los medios de comunicación utilizando una sutil estrategia, manipulando los pensamientos de algunos mendrugos con sonrisas, bonitos vocablos y tonos agradables, rellenando así una página blanca con tonterías y embustes.

Pero la desigualdad, la miseria humana y el borreguismo colectivo impera en todos los aspectos sociales, desde el cabo de Gata, hasta Finisterre, hay que ver la gente cómo está con el euro. En este caso, si nos sumergimos dentro de la acción inmobiliaria, nos encontramos siempre lo mismo, el típico agente (denominación muy seria y profesional) que con ánimo de enriquecerse lo primero que le mostrará a usted será la profesionalidad que rebosa en su agencia, así como el agotador trabajo que sufre todos los días. Con buenas camisas ellos y bonitas prendas ellas, adornan una lujosa expansión de oficinas preciosas creando así la tranquilidad de quienes las visitan. Si además de eso su equipo dispone de un currículum y títulos oficiales que le aporte aceptación amplia por parte de la población y resguardo legal, mucho mejor. Nos sonará las narices con su diploma y una y otra vez se lamentará por la suerte de aquellas inmobiliarias que carecen de él y disfrutan de las mieles de su negocio (algo de razón no le falta, hay que reconocerlo, pero qué morro).

En la búsqueda de vivienda no se puede perder mucho, solamente los nervios, aguantando la caprichosa voz de un hombre o mujer, que le jurará a usted una y otra vez sobre una pila de biblias que esa chabola maloliente es la casa de sus sueños. Como segunda trampa, si no se ha caído en la primera, los queridos agentes inmobiliarios nos intentan engañar sobre asuntos económicos, casi todos en temas relacionados con hacienda, para que el vendedor pague la contribución a menor precio.

Tan ideal que da asco.

Es curioso cómo va tomando forma poco a poco el proceso de la compra de un piso. En cuestión de pocos días usted ya será esclavizado mediante el pago de una señal, al mismo tiempo que las llamadas telefónicas van siendo cobradas, cada vez más a menudo, por cuenta suya. Largas esperas de días o semanas, imposibilidad de acceso a la comunicación con el agente, preocupación por falta de información, datos bancarios o de otra importancia sin documentar, imposibilidad también de contactar con el dueño de la “vivienda”, y un largo etcétera de cuestiones sin resolver, serán las sensaciones que experimentará el comprador mientras va viendo que la fecha de escrituración se le echa encima. Poco a poco se va usted dando cuenta de que los de la agencia cada día que pasa pierden más el interés en contactar. En resumen, tira de donde hay que aflojar y afloja lo que debería usted tirar, un desastre.

Ante tal cúmulo de protestas, los inmobiliarios optan por dejar bien claro ante el cliente que “están trabajando y no dan a basto”, tomando al cliente por un vago estúpido que no tiene otra cosa más importante que hacer que llamarles por teléfono para fastidiar (total, usted solamente ha dejado una señal de uno o dos millones de pesetas, tampoco es tanto). Usted se juega el dinero a doble o nada y la frase: “otra vez este pesado”, recorrerá las neuronas de todas estas telefonistas de pacotilla, a las cuales se les recompensa con un sueldo generoso y precisamente para la atención de esos “pesados” que no paran de llamar por teléfono, quedándose como al principio de la llamada, es decir, éxito cero. Se aproxima la fecha de escrituración, y el agente por fin aparece. No tiene tiempo para ultimar los detalles del papeleo, de modo que aplaza un par de semanas la firma, con previa autorización tanto del comprador como del vendedor (autorización plasmada en papel que usted no recibe por parte de la otra persona como garantía, le bastará con confiar en la palabra del profesional que trabaja en su compra-venta, claro, que a usted le ha prometido una cita para enseñarle toda esa documentación y explicarle todas las dudas que tenga, pero del dicho al hecho hay mucho trecho).

Tras largas promesas sin cumplir, y sin atar el resto de los cabos sueltos, a usted no le queda más remedio que confiar en Dios, en Alá o en Fernandisco, y se dirige dispuesto a firmar la escritura, además de marcar también con tan apuesto sello algún que otro cheque que dará buen fruto a las sanguijuelas y el vendedor del piso, llenando de satisfacción los buches de un repugnante colectivo de seres (inmobiliaria, hacienda, notaría, etc).

Cuando en tan importante día surgen obras pendientes en la casa, o quedan por rematar algunos rincones o instalaciones, usted puede que reciba en boca del representante de los vendedores una oferta de garantía a través de una fianza, dando la seguridad al comprador de que todo se va a concluir de forma armoniosa. Como no todo el mundo es tan desconfiado probablemente usted no creerá necesario recoger ese dinero y da un voto de confianza a los vendedores quedándose tranquilo ante la llegada de la vivienda, suya al fin, para observar con calma que en efecto se han hecho las cosas como deben de hacerse.

Así es el baño de la casa de arriba.

Pronto recordará usted a Tom Hanks al borde de un ataque de histeria cuando el ex-propietario abandone el hogar, deseándole todo tipo de felicidades con su nueva vivienda. Y sobre todo, cuando a solas se comienza a enfocar más en los detalles de cada rincón, la sonrisa de su rostro comienza a deformarse peligrosamente. Estos nuevos gestos que usted mismo creará, serán combinados con espontáneas carcajadas intermitentes, emisiones humanas propias de una estupefacción natural, al ver cómo la carroña y la chapuza reinan en esa cueva. Normativas en gas y electricidad sin cumplir, mobiliario a precio de paja que previamente nos lo vendieron como producto de alta calidad, suciedad por todas partes, y a continuación… la caída del mueble.

Alcayatas o enganches atornillados a la pared, en un ángulo de error de casi 45 grados de inclinación, ayudarán al desplazamiento de los putos muebles por la ley de Newton al suelo. Momentos emocionantes se suceden entre los allí presentes, familiares y amigos junto a un comprador estafado, y solo llevamos 2 horas en la casa. Siempre recordaremos a Tom Hanks, destornillándose de risa al borde del precipicio, viendo como una pieza de porcelana se aleja de su visión para finalmente estallar como en un castillo de fuegos artificiales en mil pedazos un piso más abajo.

La promesa de una cocina amueblada se quedó en 4 aglomerados, increíblemente instalados de una forma inusual, instalación probablemente confeccionada por un asno con prisas que, o desconoce por completo el procedimiento o deseaba con todas sus fuerzas acabar con nuestras vidas de un plomazo. Al igual que una cubeta de agua fría encima de la puerta, un simple roce bastó para desmoronar aquel rinoceronte de a saber cuántos kilos de peso.

Ahora solamente cabe esperar a que el celular de este bicharraco se halle dentro de cobertura y no salte el buzón de voz. Lo más seguro es que nos tengamos que poner en manos de “profesionales” (miedo da ya esa palabra) para poder hacer una reforma en condiciones a un elevado coste. Todas las casas de amigos, familiares, vecinos, etc, poseen una entereza y una imagen limpia. Toda esa gente vive en casas normales, pero al parecer o nunca las venden o jamás lo hacen a través de inmobiliarias, eso es al menos lo que por lógica aparenta.

A no ser, claro, que haya compradores más inteligentes que yo y me hayan tomado por el pito del sereno, que también podría ser. Esta es mi vivencia y así se la he contado.

Para Somos Kromosomos, Starboy.

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