Recuperando viejas líneas de trabajo, SkS vuelve hoy a su faceta de informador y difusor cultural. Hoy les traemos el breve pero intenso recuerdo de una película que ha tocado nuestro corazón, esperando que los suyos también queden tocados. Pero de muerte:

¡ ¡ ¡ GRIZZLIE ! ! !

La acción se sitúa en un parque nacional americano, donde numerosos turistas van a pasar sus temporadas de asueto y relajo. Sin embargo, no todo será tranquilidad: un oso grizzlie, superviviente mesozoico de más de “cuatro metros de alto” (según afirma el protagonista, aunque por más que revisamos la cinta nuestra comparación perspectiva con un humano no llega ni a la mitad; debe ser un grizzlie discapacitado) amenaza la tranquilidad del público asesinando, masacrando y devorando a diestro y siniestro a cuantos campistas despistados se cruzan en su camino.

La alerta salta entre el personal del parque cuando dos chicas jóvenes aparecen escabechinadas y descabezadas. Se inicia entonces un vano intento por salvar al público de la catástrofe, y por supuesto para matar al bicharraco, que parece de acero. Guiados por el biólogo del centro, los aguerridos guardabosques siguen en helicóptero los movimientos del animal y aunque comenten algunas imprudencias que van acabando con sus insignificantes vidas de guión, al final el más tranquilo de los muchachos, que tenía un serio conflicto personal por su amor a la naturaleza, logra acabar con el osito a lo Rambo, lanzamisiles en mano. Imaginen la estampa.

El film ha dejado una huella imborrable en los que la hemos presenciado, por llevarnos de lo simple a lo sublime: varias tomas aéreas procedentes de un

Es sólo un rasguño.

Peace and love.

documental, un par de cabezas de látex y un disfraz de oso es todo lo que ha bastado para crear esta historia de intensa carga emocional y magistral planteamiento dramático.

Nos ha gustado en exceso el desarrollo de todos los personajes, que aún sabiendo de el riesgo que corrían, no dudaban en acercarse demasiado al peligro facilitando así la labor asesina de el oso. Un gran recurso de guión que permitía así la continuidad de la historia, además de una bella metáfora del suicidio al que nos induce la sociedad moderna.

El ataque del oso era terrorífico y su desarrollo en cada escena, escalofriante: cerca ya de su presa, el oso se erguía, abría la boca y lanzaba un espantoso chillido (eh,

bueno...no hay necesidad de asustar tanto, más bien era un pequeño gritito creemos que doblado por Moncho Borrajo), una masa informe de pelo con tembleque se abalanza sobre el incauto, el zarpazo recorre el aire y la cabeza, el brazo o la pierna de la víctima volaba cruzando la imagen de lado a lado.

En definitiva, el Hombre contra la Bestia. Un tema ya abordado, pero nunca tocado como aquí. En esta ocasión la inteligencia humana resuelve el conflicto recurriendo al producto de su inventiva, que es aquello que nos separa del animal: el bazooka. El oso muere estallando en mil pedazos, pero reducido tras esa tremenda deflagración a un pequeño montículo en llamas, que nos recordaba la quema de rastrojos. Otro nuevo símil visual de una película, que aunque pudiera parecer de consumo rápido, esta llena de contenido y reflexión. Se lo decimos nosotros que de esto sabemos un rato. No en vano nos compramos todas los meses el Fotogramas y somos asiduos a los programas de Garci y Galletana ¿o son Carci y Cayetana?

David Kromosomo, cinéfilo en casa.

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