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LAS MARIONETAS DROGADICTAS DEL TRABAJO BASURA
Una mujer tirada en el suelo del metro. Con un bolso y un paquete de cigarrillos junto a sus zapatos sucios. La han echado del trabajo. La veo cuando yo voy al mío y la vuelvo a ver en el mismo sitio cuando regreso. A mi también me han despedido. Por no cumplir los horarios. Pero ¿qué más da entrar media hora antes y salir media hora antes también? Ser un personaje despistado que aún cree en la libertad y la condescendencia no es económicamente rentable. Un chico con trencitas y mochila deshilachada se para a ver el cartel de un bar en el que pone “se necesita camarero”. El dueño, que le observa desde dentro, ya le ha tachado de guarro e irresponsable. Menos mal que el chico no se decide a entrar. Esos son los que están en el paro y luego están las hormiguitas manipulables y sumisas. Son muchos los que no pueden trabajar para lo que estudian, los que no pueden desarrollar sus aptitudes personales y eso les lanza directamente al agujero, al trabajo basura. Están los que se atreven a lanzar sus mensajes aún sabiendo que otros los criticarán, les llamarán vagos por no pasar por el aro y por vivir en casa de sus padres. Vivir en casa de tus padres te ahorra muchas miserias. Caer en lo que los estadounidenses ya han incluido en su diccionario, el Mcjob, es algo fácil. Trabajos de este tipo (precarios y para los que se requieren pocas habilidades) los hay a patadas. El problema está en su duración. Pueden pasar dos cosas. Primero, que te llenen la boca con una brillante manzana que al morderla está podrida. Entonces arrojas esa manzana directamente al asfalto. Segundo, que aceptes que el trabajo es tan lento y pesado como medir al gigante más gigante y aceptes hacerlo pero sin perder tu dignidad. Si eliges la segunda opción debes tener cuidado de no exponer demasiado tu propio criterio pues si lo haces es sencillo que te den una patada en el trasero. Dentro del trabajo basura no puedes ser tú mismo y eso es venderse. Te prostituyes. Por eso creo que a los que buscan la libertad o algunos valores ya perdidos les es un tanto complicado permanecer mucho tiempo en una de estas empresas. Y es que ser “poeta de causas perdidas” como cantaba Cecilia ya está desfasado. Hay empresas que recurren a la Kiss para drogarte, para que te vuelvas más afable y más manipulable. Puedes oír la música por los pasillos. Los descansos se convierten en cepos para cazar el poco sentido común que aún te queda después de pasarte un montón de horas sentado frente a un ordenador. En esa misma empresa rula el chocolate. Es normal. Ahí las tienes. Son las marionetas drogadictas del trabajo basura. A cambio de un buen número de horas que bien podrías utilizar para contribuir con la sociedad de una manera más positiva (salir a pasear con una amiga y reíros un rato, escuchar lo nuevo de Amaral...) recibes una porquería de sueldo. Somos generadores de plusvalor y encima sonreímos a nuestros jefes. Agotas las pocas horas libres que te quedan durmiendo y comiendo. Vives para trabajar y te callas como buena puta que eres. Poner tu dinero en manos privadas es peligroso. Estás enriqueciendo a los que ya lo tienen todo y que con ese dinero lo que harán será delinquir más, volverse más cínicos, más hipócritas, más imbéciles. Pero ahí los ves, manejando los hilos. Más tonto eres tú que les dejas.
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Pero claro que prefieres ¿la humillación del trabajo basura o la miseria del paro? Depende de si tiras más por lo material o por la búsqueda de sensaciones. Yo creía que tus necesidades básicas (comida, ropa...) las cubría el Estado. ¿No debería ser así? Se censura la información importante o es difícil acceder a ella si no puedes pagarla. Pero en mayor o en menor grado todos nos percatamos de algo. Así que qué no anulen tu voz. Di lo que tengas que decir.
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Anerol.
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