ODIE LA RADIO, ODIE LA MÚSICA, ESCUCHE KISS FM, por Andrew Goodmusic.

"Diana tomó el autobús de las 21:30 más cansada que de costumbre. Se sentó y dejó caer el peso de su cuerpo como si estuviera muerta. El conductor tenía sintonizada la Kiss y la música de Pau Donés inundaba el autobús. A los pocos minutos, Diana empezó a sentir un desmedido sopor que la indujo, inevitablemente, al sueño [...]”

¿Cuántas veces ha sufrido usted (o ha sido testigo) de esta escena? No sabemos que tendrá esa dichosa emisora, pero tras una exposición no muy prolongada a sus ondas acabamos con una empanada con sus pimientitos asados y todo. Si ya la tendencia general es de atontamiento mediático de la población, he aquí otro instrumento para conseguir el propósito de anulación total: la Kiss.

Salvo pequeños oasis, la radio española es un desierto, y el de la radio musical es del todo árido e insolador, toda una osadía cruzarlo aun montados en el más preparado de los 4x4. No vamos a incidir en temas tan masticados, que ya huele. Kiss FM no hace más que aprovechar las circunstancias de este desolador panorama envuelta en papel de regalo, en apariencia.

Trescientos MP3 y una emisora de radio. Siendo reduccionistas esa es la idea base de la Kiss. Claro, que hace falta algo más, como mucha vista para el negocio que casi hunde a Onda Cero, que se las prometía muy felices con la única fórmula musical que les ha funcionado (hasta que llegó el tío Blas Herrero con las rebajas y la regla de tres, 18 euros por cada oyente, por la que cedió su red de licencias radiofónicas antes del boom de tu nueva radio); cerca de 2.000.000 de individuos según la estafa esa llamada EGM siguen sus ciclos y bucles, de manera voluntaria, subliminal u obligada. Y no nos extraña, porque Kiss FM suena en todos –y digo TODOS- los sitios: oficinas, bares, centros de trabajo, restaurantes, centros comerciales y fast-foods (¿por casualidad?, ja, esos acuerdos comerciales...), autobuses de cercanías -desbancando a Cadena Dial, hegemónica en el sector desde hace años-, taxis... no hay modo humano ni divino de librarse. Un ataque frontal..

Lo que se escapa a nuestra escasa comprensión es la manera compulsiva en la que se sintoniza, ni el medio por el que se capta al oyente: que si “acompaña muy bien en el trabajo” (ejem), o “por la buena música” -sic-, “para relajarse”... Según la teoría desarrollada por nuestra redactora Anerol, víctima durante un tiempo de esta secta, se trata de un mensaje ultrasónico que no podemos percibir de manera consciente: “no cambies de emisora, no muevas el dial, etc.”, así hasta el infinito. Y aunque es cierto que la emisora suena con una reverberación especial, aun no hemos podido comprobar esta hipótesis, por el riesgo que supone más que nada.

El beso del sueño.

Los discos son de Blas.

Buscando una explicación más racional al tema, la puñetera Kiss se lanza a la caza de la nueva clase media, sujeta por su coche, su hipoteca, su apariencia y su nula cultura musical (y que coño, cultura general): a esos de la canción del anuncio, o de la que suena en el disco-bar para treintañeros, los de la música para el coche, o a los de su maravillosa discoteca compuesta por quince -15- cd’s de grandes éxitos... y sí que hay de estos, sí. Y por supuesto, a los estultos de siempre, que no por ignorantes tienen menos culpa; para engancharlos, KFM nos enseña bien su plumero, colándonos entre tanta “buena música” unas pinceladas de Alejandrín, Luis Miguel...

Sin embargo, la presentación del artefacto es perfecta a primeras. Un nuevo oyente, conectado en según que momento del loop, puede dar con

una selección agradable de canciones que le haga quedarse en sintonía. Pero basta un par de días de escucha -y más de dos neuronas- para darse cuenta de la tostada: las mismas canciones, machacadas una y otra vez en bucles casi idénticos, sin novedad. Da igual que pase un mes o un año, siempre vas a oír los mismos temas. Y nos atreveríamos a decir que en el mismo orden. Pero no le des a la gente cosas nuevas, que se nos asustan. Para cenar, patatas fritas; de desayuno, tortilla española; y al mediodía, patatas asadas.

¿A qué lleva eso? Al odio. A odiar algunas -eh, digo algunas- canciones que, aunque intrínsecamente son magníficas, sacadas de su contexto, metidas en ese batiburrillo de mal gusto (Dylan con Luis Miguel, Neil Young con Ketama, p.e.) y repetidas hasta la saciedad, pierden contenido y se quedan en sólo en la cáscara. En nada. Pero, oigan, que eso es radio. Qué se le supone algo más. O no.

Y que decir de esos locutores que no dicen nada. Por falta de conocimientos o de libertad, me da igual. Voces neutras, de radiofórmula pura, sin diferencia entre unos y otros, siempre parecen los mismos. Robóticos. Bueno, no. A veces nos dejan ver el por qué de su trabajo en Kiss FM, cuando pinchan a Jarabe de Palo o Ella Baila Sola dos y tres veces en su turno de trabajo... O los que dan los partes horarios, que ya ven, con colocarles a escuchar Radio 5 y copiar, tienen suficiente. Eso cuando no les da por poner la cinta (qué digo, la cinta...) de temas empalmados, sin más...

Junto a Crónicas Marcianas y Amenábar, sin duda, Kiss FM es el complemento perfecto para los oídos de esta grande y libre nación.

Nota de última hora: Justo en los días en que se fragua este texto, Kiss FM anuncia a bombo y platillo en prensa y vallas “nueva programación”: Pero sólo han cambiado sus propias cuñas. Por lo demás sigue sonando lo mismo, lo mismo. Jo, que morro.

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