¡QUÉ ASCO DE GENTE!

Muchas veces me pregunto por qué siento repulsión hacia la gente. No, no me entiendan mal, me refiero a una irritante repugnancia por los gustos de la masa y sus comportamientos generales. Me niego a ser como ellos. Llámenme sociópata si quieren, pero jamás aceptaría los siguientes modelos de conducta, aceptados por la sociedad como “normales”:

- Aceptar una moda (de comportamiento, de lenguaje, temática, musical, etc.) para no quedarse excluido de su círculo social. Es decir, muchas veces la gente es capaz de bajarse los pantalones y seguir cualquier comportamiento de grupo a pesar de que no le guste o le aburra soberanamente*. En resumen, renuncien a su personalidad en favor del “buen rollo”. No discutan, no expongan sus ideas. Sólo sonrían.

- Renunciar también al enriquecimiento cultural, dejando que sea la tele la que enriquezca. Así, sólo se compran los libros que anuncian en la caja tonta, o que han ganado algún premio y por ende “son buenos”. Además, ya saben: lo correcto es comprarlo en edición grande, llevarlo por la calle, que se vea bien el título o el autor (generalmente Mary Higgins Clark o Danielle Steel) y sobre todo, simular que se lee con avidez. No hace falta que pase las páginas, sólo mire el libro abierto. De esta forma dará la impresión de ser la persona leída que nunca fue. Aunque no se crea, porque aunque realmente leyera ese tipo de cosas tampoco logrará serlo.

- Exactamente igual pasa con el cine. Pero aquí ya nos tienen pillados de esta manera desde hace años.

Las cosas que hay que hacer según Yahoo.

- Divertirse y desahogarse según los cánones marcados también por los medios de comunicación. Siendo más concretos, vamos a centrarnos en esa pasión futbolera que nos invade hoy en día. Pasión, que como saben ha servido para manipular, calmar e idiotizar a la peña desde los tiempos del régimen. Las causas son las mismas antes y ahora: mientras la masa disfruta, habla, ve y solo piensa en fútbol, no se preocupa de otras cosas. A esta circunstancia, debemos añadir el agravante de la participación directa de los medios de comunicación en el pastel y su posicionamiento incitando al consumo de fútbol en cantidades dañinas.

- Y en definitiva, llevar una vida cuyos únicos objetivos fueran trabajar en una oficina dándose de ostias con el de al lado y sirviendo al jefe, comprarse un coche víctima del “complejo del automóvil”**, casarse con la primera persona que se cruce y adquirir una vivienda. Y después tener hijos. Ah, y morirse, que “ya hemos cumplido”. Pues no. ¿No les suena a ustedes eso de la “realización personal”?

Y ahora, queridos visitantes, ustedes que piensan un poco más (o quizás no) que todos los que actúan movidos por estos patrones, ¿no sienten el mismo asco?

Lecter K.

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* Más aburrido que Carlos Sobera.

** Especialmente en países subdesarrollados, complejo por el que el individuo que posee un automóvil se siente superior a quienes no lo poseen. Se lo relaciona también con un complejo de velocidad en el que aquel que lo padece conduce a gran velocidad para evadirse de conflictos neuróticos.

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