|
|
EL ASESINO DE LA BARAJA Y SU PUTA MADRE, por La Pica en Flandes.
El pasado mes asistimos a uno de los hechos más significativos del año: la confesión del presunto “asesino de la baraja” y su entrega a las autoridades. Este caricato tenía en jaque a nuestras despistadas fuerzas de seguridad del estado, que no acertaban a dar con el “misterio” de sus crímenes, ni mucho menos con su paradero. Claro que, finalmente, se han confirmado todos los tópicos: guardia-jurado, ex-militar con un historial psiquiátrico a sus espaldas... un psicópata de los que tanto gustan al gran Paco Pérez-Abellán, que
|
|
contento estará de haber dado en el clavo.
Ya han pasado varios meses, y la conciencia social se ha calmado (es decir, la tele nos ha dejado de dar el coñazo con el tema), pero la psicosis colectiva desbordó a todo Madrid, incluido al que os habla, que por la noche iba con miedo a la gasolinera cuando se quedaba sin leche. Sin ir más lejos, una de esas noches de pánico creí ser perseguido y acosado por el maniaco, que –lo juro, es cierto- se dirigía hacia mí desde un descampado próximo.
Hasta los redactores de “Sucedió en Madrid” (el estupendo show de sucesos de Telemadrid) desbarraron lo suyo para ofrecernos entonces un delirante programa especial, en el que, a modo de profecía, desvelaban la supuesta ruta de sangre y balas que iba a seguir nuestro asesino, en base a una estrella satánica de cinco puntas obtenida de disponer sobre un mapa de la comunidad autónoma los puntos donde se habían cometido los asesinatos hasta ese momento, y en base al dibujo obtenido, inventarse algo. Por supuesto, los fiambres irían cayendo en las localidades próximas a los siguientes vértices de la estrella. Memorable. Ni Alex de la Iglesia escribiendo una secuela de “El Día de la Bestia”.
Aunque lo mejor de todo ha sido, como siempre, la actuación policial; desde la patética difusión de los diversos retratos robot, en los que el amigo ora parecía un amante del tecno y el tuning, algo bodoque, ora resultaba un joven alternativo con perilla y todo, hasta las versiones contradictorias o las filtraciones sobre su huida al extranjero ante lo verosímiles que habían resultado los dibujitos.
|
|
|
Un joven de hoy, sin más. Al pie, su autógrafo.
|
|
|
|
|
|
Las psicotrónicas fotos son de Fernando Camino.
|
|
O sin ir más lejos, la intimidación y el acoso a todo bicho viviente con perilla que pululase de noche por la Villa y Corte, como me ocurrió días antes de la confesión, cuando una pareja de agentes de la ley, algo cortitos de entendederas, todo hay que decirlo, detuvieron su coche-patrulla ante mí y me formularon toda clase de preguntas mientras esperaba sentado un autobús bajo una marquesina a eso de las dos de la madrugada. “¿De dónde viene usted?”, “¿dónde vive?”, “¿qué hace por aquí?”, “¿dónde se dirige?...”, espetaban una tras otra, a velocidad de concurso. Claro, que cuando abrieron mi mochila y comprobaron que en lugar de la pistola Tokarev esa y la baraja Fournier que esperaban encontrar, encontraron una bolsa con plátanos, judías verdes y una lechuga (no preguntéis por qué, pero eso era lo que había, amigos), no tuvieron más remedio que achantar...
Tal como pintaba la situación, no era plan por mi parte de dejar las cosas así, claro que no; era una pena dejar pasar la oportunidad que se me presentaba. Mi turno: les inquirí sobre las razones de aquella intromisión, a lo que balbuceando, torpemente adujeron que “querían conocer a la gente del barrio” (sic). ¿A las tantas de la noche nos vamos a andar con presentaciones del tipo “hola, somos la patrulla del barrio”? Además, ¿alguna vez habéis conocido a alguien que, nada más presentarse, os registre vuestras pertenencias?
|
|
En fin, que me alegro de que el demente este se haya entregado, así algunos otros nos dejarán tranquilos. Aunque echaré de menos la historieta mediática de interpretar el significado de los naipes... ¿Quién hubiera sido el Rey de Copas? ¿Aznar? ¿Don Juan Carlos? ¿O tal vez Baraja, el futbolista?
Ay, lástima de chico... si copiar las series americanas se nos da fatal, ya no te cuento el imitar su realidad...
|
|
© Somos Kromosomos, 2003. Contacto.
Se autoriza la transcripción de lo aquí relatado, siempre y cuando se cite la fuente de origen.
|